Causas no genéticas del trastorno del espectro autista

Causas no vinculadas con factores genéticos que provocan trastornos del espectro autista

Como hemos visto en artículos anteriores múltiples son las causas determinantes del autismo, incluyendo riesgos de que se desarrollen las manifestaciones de los trastornos del espectro autista.

Los niños que padecen de trastornos del espectro autista presentan, en muchas ocasiones, gran número de síntomas asociados con otras condiciones médicas subyacentes, que  incluyen  trastornos del sueño, convulsiones, problemas gastrointestinales, así como siquiátricos, en tanto en otras ocasiones se acompaña de deficiencias nutricionales y alteraciones metabólicas.

Las misteriosas causas de los trastornos del espectro autista son el centro de intensas  polémicas en el mundo académico, y han sido inculpadas desde las  madres aparentemente menos afectuosas hasta las  vacunas que se utilizan como parte de los esquemas de prevención contra enfermedades infecto-contagiosas. Entre estas posibles causas se encuentran aquellas relacionadas con la diabetes.

Papel de la diabetes gestacional  provocando trastornos del espectro autista

Se ha descrito por expertos en el tema que la diabetes gestacional pudiera contribuir  al incremento de las posibilidades de que niño padezca de autismo. Este tipo de diabetes, la llamada gestacional, se caracteriza porque se desarrolla durante el periodo del embarazo, según se reporta en la revista especializada “JAMA Internal Medicine“, de la Asociación Médica de los Estados Unidos de América.

Causas no geneticas autismo
Causas no geneticas autismo

Al respecto se establece que si el embrión está expuesto a la diabetes gestacional con anterioridad a la semana 26 de la gestación, el riesgo de que el niño desarrolle autismo se incrementa en un 42%. Para el desarrollo de esta investigación se estudiaron los datos correspondientes a 322 000 niños nacidos en el Kaiser California Medical Centers, correspondientes a los nacimientos que ocurrieron entre enero del 1995 y diciembre del 2009.

Obesidad durante el embarazo y su relación con trastornos del espectro autista

Se reporta en un artículo publicado en Pediatrics (doi:10.1542/peds.2011-2583) que la obesidad en mujeres embarazadas pudiera incrementar el riesgo de tener un hijo con trastornos del espectro autista. Al respecto reportan que las posibilidades de tener descendencia autista se incrementa en un 67% en el caso de gestantes obesas.

Si bien no está demostrado este efecto debemos tener en cuenta que casi siempre la obesidad se acompaña de otras alteraciones metabólicos, como pudiera ser la diabetes que vimos con anterioridad.

Otra arista del problema está relacionado con el alto número de mujeres obesas o con sobre peso que existen en los tiempos que nos han tocado vivir.

Trastornos del espectro autista y el parto inducido

Investigadores de la de la Universidad de Duke (Carolina del Norte), liderados por Simon Gregory profesor de Medicina y Genética Médica de la referida universidad, publicaron en  “JAMA Pediatrics” un artículo donde se refiere que de los 625 042 nacimientos, en más de 170 000 casos la labor de parto fue inducida o acelerada. De estos 5648 niños resultaron afectados por el autismo, con predominio de varones, en el orden de tres veces más con relación a las niñas. Entre estos niños autistas, se encontró que alrededor del 33% de las madres se les habían practicado  inducción del parto.

Estos resultados sugieren que los trastornos del espectro autista podrían estar relacionados con el uso de la inducción de parto. Sin embargo los autores no establecen una relación causa-efecto entre inducción del parto o el uso de fármacos para acelerar la labor de parto, como pueden ser la oxitocina y las prostaglandinas.

Otra consideración al respecto nos lleva de la mano a contemplar que, según cifras oficiales de las autoridades sanitarias de los Estados Unidos de América, se reporta que el 20% de las mujeres estadounidenses tienen labor de parto inducida, duplicando las cifras de la década del 90. Y no existe correspondencia con incrementos de la frecuencia de aparición de autismo.

Este estudio no resulta concluyente sobre la relación autismo-inducción del parto, solo abre una alternativa como acercamiento a explicar las causas de esta enfermedad.

Trastornos del espectro autista y la relación con la edad materna

Un estudio reportado por investigadores del Instituto Mind de la Universidad de Davis, California,  señala  que las madres con más de 40 años de edad duplican las  probabilidades de que sus niños estén afectados por autismo, al compararlas con una población de madres con edades comprendidas entre los 25 y 29 años.

Lo llamativo consiste en que en California en la década de los años 90 el total de mujeres con más  de 40 años de edad que se embarazaron se incrementó en un 300% con relación a la década precedente mientras el número de niños autistas se incrementó en un 600% arrojando un total de 12500 niños afectados por autismo oxycontin 10mg.

En paralelo se considera que si el padre tiene alrededor de 50 años  en tanto la madre es menor de 30 años se incrementan las probabilidades de que la descendencia este afectada por trastornos del espectro autista.

El tiempo interparto y los trastornos del espectro autista

Según investigaciones publicadas en la revista Pediatrics, realizadas por un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia,  Nueva York, en una población de medio millón de niños  se reporta que si el periodo interparto es menor de dos años existen mayores probabilidades de padecer de trastornos del espectro autista comparativamente con aquellos hermanos en los que ha existido un periodo de al menos tres años entre embarazos.

Estos hallazgos determinan que cuanto menor es el tiempo que ha transcurrido interparto aumenta el riesgo de padecer de trastornos del espectro autista independientemente del factor edad de los padres, lo que permitió descartar la posibilidad de que estuviera afectado el resultado por el factor de riesgo edad de los progenitores.

Una vez más existe el hallazgo, pero no la explicación plausible para este. Al respecto se valora que al existir menos diferencia de edad se pueden percatar los padres de cualquier alteración conductual de los niños con más facilidad. Otro acercamiento al tema consiste en factores nutricionales por el desgate de la madre  al tener embarazos sucesivos, y en particular la deprivación de ácido fólico.

Relacionan trastornos del espectro autista con el peso al nacer

Molly Losh,  de la Northwestern University de Estados Unidos de América es la autora principal de un interesante artículo en la revista Psychological Medicine,  donde establece que el bajo peso al nacer, incrementa el riesgo de padecer de un trastorno del espectro autista.

Estos investigadores manifestaron que estudiando pares de gemelos encontraron que el bajo peso al nacer triplicó el riesgo de padecer trastorno del espectro autista, estableciendo  que los factores ambientales, tanto prenatales como perinatales han de ser considerados de capital  importancia al punto que se señala que por cada 100 gramos de menos en el peso al nacer se incrementaba en un 13% el riesgo de padecer trastornos del espectro autista.

Gripe, fiebre y  trastornos del espectro autista

Frecuentemente aparecen cuadros de gripe que se acompañan de fiebre, o simplemente cuadros febriles de causas diversas. Si la mujer está embarazada y sufre de uno de estos eventos, gripe o fiebre, resulta frecuente que la progenie se encuadre dentro alguno de los trastornos del espectro autista, según refiere la Academia Estadounidense de Pediatría.

En paralelo Ósk Atladóttir, investigador de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, lidero un proyecto donde encontró que las  mujeres que padecieron  de fiebre durante más de siete días durante la etapa del embarazo, los riesgos de que los hijos estuvieran afectados de autismo fueron superiores, y en paralelo, en aquellos casos que se hizo uso de tratamientos con antibióticos, estos riesgos se incrementaron.

Asociación entre el síndrome de West y los trastornos del espectro autista

El síndrome de West es considerado como una encefalopatía epiléptica que ocurre en la infancia temprana, apareciendo  los primeros síntomas entre 6 y 8 meses de edad, afectando en el orden de 1 por cada 2500 nacimientos. Esta se caracteriza por la presencia de espasmos y en paralelo alrededor del 20% se acompaña de manifestaciones que pueden considerarse parte de los trastornos del espectro autista.

Dentro de esto los niños afectados con esclerosis tuberosa presentan trastornos del espectro autista en más del 60% de los casos.

Daño al cerebro y los trastornos del espectro autista

Algunas citas bibliográficas reportan sospechas  de que el supuesto daño al cerebro, en particular una parte específica denominada la amígdala, podría estar comprometida en el desarrollo del cuadro autista.

En tanto otros investigadores consideran que la infección por virus puede desencadenar el desarrollo de los trastornos del espectro autista.

Los trastornos del espectro autista y las vacunas

Se considera que de cada cuatro padres en los Estados Unidos de América, uno considera que las vacunas producen trastornos del espectro autista a niños en edad de recibir las vacunas como parte de los esquemas de inmunización establecidos.  Esto no obvia que aun así, estiman que sus hijos deben recibir las vacunas.

Sin embargo en el orden del 10 % de los padres estadounidenses se niegan a la administración de vacunas a  sus hijos al considerar que estas pueden ser la causa de los trastornos del espectro autista. Y esto está motivado por un estudio que se publicó en 1998 en el que se sugería que la vacuna triple viral (sarampión-paperas-rubéola) podía ser una de las causas de los trastornos del espectro autista.

Al respecto se ha encontrado, en investigaciones realizadas con posterioridad  que aquellos niños que recibieron  la vacuna triple viral demostraron menos riesgo de padecer de los trastornos del espectro autista con relación a los que no recibieron la vacuna.

En estudios desarrollados por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos de América (CDC) se demuestra que en la actualidad los niños están recibiendo más vacunas que  en la década de los años 90, concluyendo, según se registra en la publicación de la revista Journal of Pediatrics ( DOI 10.1016/j.jpeds.2013.02.001), que no existe relación alguna entre las vacunas de los primeros años de vida del niño  y el autismo.

También fue objeto de atención de  los investigadores del CDC estudiaron el efecto de los antígenos utilizados para la producción de vacunas, es decir las proteínas y los polisacáridos presentes en las vacunas que determinan que los seres vivos produzcan anticuerpos como respuesta. Estos anticuerpos son los encargados de combatir las enfermedades infecto-contagiosas que se pueden prevenir mediante las vacunas.

Los investigadores estudiaron 256 niños que presentaban  algún trastorno del espectro autista y compararon la respuesta acumulada en esos niños  frente a los antígenos de 752 niños que no estaban afectados por autismo.

Timerosal, vacunas y autismo

El timerosal, derivado del mercurio que se usa como conservante en las vacunas, ha sido contemplado en la lista de las sustancias que pueden causar los  trastornos del espectro autista.

Numerosos reportes de la literatura médica internacional aportan pruebas de que no se le puede adjudicar al timerosal el desarrollo de autismo en los niños.

Entre estas se encuentran los reportes de la Oficina de Seguridad de la Inmunización del CDC basados en estudios sobre los datos de mil niños que nacieron entre los años 94 y 99 en los Estados Unidos de América, de los que 256 podían ser considerados dentro del grupo de trastornos del espectro autista. Estos datos, los de los niños afectados fueron comparados con los de 752 que no tenían autismo, basados en coincidencia en edad y género.

La conclusión de los estudios demuestra que no hay relación alguna  entre la exposición al timerosal con un potencial incremento del riesgo a padecer algún tipo de trastornos del espectro autista.

En síntesis, hay suficiente evidencia para descartar que exista alguna relación entre la aplicación de  vacunas y la afectación por los trastornos del espectro autista. En esta dirección la Academia Americana de Pediatría y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC USA) coinciden en  que no existen vínculos entre los trastornos del espectro autista y las vacunas.

Las causas que determinan que un niño sea autista aún permanecen en el terreno de la especulación científica y  crea un interesante, más aun, apasionante campo para la investigación médica en aras de dar mejor calidad de vida a estos niños. Valga el esfuerzo y la dedicación.